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Jose Arturo Molina Mora

Enfermedadde Tarui: revisión y perspectivas bioinformáticas

A nivel sanguíneo, la glicólisis deficiente muestra, típicamente,

cerca de un 50%de actividad enzimática FFQ, respecto a pacientes sin

la enfermedad. Esta reducción del flujo glicolítico puede limitar grave-

mente el suministro de energía y resultar en hemólisis, comúnmente

reportada en la enfermedad de Tarui (3,2,0). Entre 2001 y 2003, Ron-

quist y Waldenstro (2001) observaron que los eritrocitos de las per-

sonas con la enfermedad de Tarui presentaban niveles elevados de

calcio intraeritrocitario. Mostraron que en la enfermedad se produce

un aumento de la hidrólisis de ATP con una acelerada extrusión del cal-

cio ATP-dependiente, sugiriendo un aumento de la permeabilidad de

calcio en la membrana celular. Los mismos autores exponen que este

fenómeno ocurre de forma paralela a la deficiencia de la FFQ y que, a

nivel sanguíneo, explicaría la rigidez de lamembrana y hemólisis de las

células del sistema reticuloendotelial, mientras que en músculo lleva-

ría a fatiga debido a la regulación disfuncional del calcio, posiblemente

más que la deficiencia misma de la enzima (11,20).

Manifestaciones clínicas

Los pacientes diagnosticados con la enfermedad de Tarui pue-

den presentar miopatías y hemólisis, ya sea como condiciones úni-

cas o en combinación, o bien podrían cursar asintomáticos (8,21). La

miopatía se manifiesta como un conjunto de síntomas que abarcan

desde debilidad leve hasta intolerancia marcada al ejercicio, calam-

bres musculares, disminución de reflejos tendinosos y niveles séricos

elevados de enzimas musculares (21). No obstante, en algunas per-

sonas la evolución y síntomas son atípicos pese a que se detecten las

mismas variantes de la enzima, lo cual se traduce en una heteroge-

neidad fenotípica (Nakajima, Raben, Hamaguchi, & Yamasaki, 2002).

Debido a esto, se han propuesto al menos cuatro presentaciones

clínicas de la enfermedad de Tarui, resumidas en la tabla 2.

Algunos pocos casos reportados han mostrado alteracio-

nes del crecimiento y manifestaciones con una desregulación

del metabolismo del ácido úrico, así como afectación del sistema

nervioso central y del corazón (5,23). Finsterer y colaboradores

(2002) describieron el caso de una paciente con enfermedad de

Tarui que desarrolló epilepsia focal (posiblemente consecuencia

de acúmulo de glucógeno en cerebro) y síntomas clásicos a nivel

muscular, disminución de reflejos tendinosos, test anormal de

isquemia en antebrazo, electromiograma con compromiso mio-

génico y biopsia muscular anormal. Adicionalmente, la paciente

presentaba compromiso cardiaco, que se manifestó inicialmente

por dolor torácico y luego con un electrocardiograma que mostró

bajo voltaje (atribuido al depósito de glucógeno). Además, se evi-

denció un engrosamiento del miocardio sin asociación con ningu-

na cardiopatía, por lo cual dicho hallazgo fue atribuido también al

depósito de glucógeno (21). Finsterer y Stöllberger (2008) dieron

seguimiento a esta paciente, a quien se le detectó un engrosa-

miento progresivo de las válvulas cardiacas como consecuencia

del depósito de glucógeno, lo cual constituyó el primer caso clíni-

co reportado en la literatura de dicha alteración en una persona

con enfermedad de Tarui (23).

Diagnóstico

Dado que la afectación muscular esquelética en la enferme-

dad de Tarui se caracteriza por síntomas poco específicos, sin evi-

dencias francas de la enfermedad ni diferenciales de otros pade-

cimientos, el diagnóstico de esta miopatía metabólica puede ser

difícil. Dependiendo de la presentación clínica y de la intensidad

con la que ocurra, los pacientes pueden no presentar hallazgos

objetivos y claros en el examen neurológico, electromiografía

y exámenes de rutina de laboratorio, los cuales con cierta fre-

cuencia se describen como normales (4). En muchos casos, la

sospecha de la enfermedad de Tarui se da por exclusión de otros

padecimientos, y pese a que los síntomas podrían ser leves e

inespecíficos el diagnóstico correcto es importante para preve-

nir posibles complicaciones graves, como mioglobinuria y fallo

renal (4,24).

Las primeras sospechas suelen provenir de las crisis agu-

das reversibles, que se manifiestan principalmente en forma

de fatiga prematura y contracturas musculares, con frecuencia

acompañadas de rabdomiolisis con elevada creatina quinasa en

suero y, en ocasiones, por mioglobinuria (2). También es posible

observar ictericia, niveles elevados de creatina quinasa (CK), hi-

peruricemia, reticulocitosis y aumento de la bilirrubina sérica.

La forma de aparición tardía se presenta con calambres y mial-

gias en la edad adulta, aunque la capacidad de ejercicio ya es

baja desde la infancia (3,9). Los pacientes con la forma infantil

comúnmente mueren durante el primer año de vida y podrían

mostrar signos de artrogriposis y retraso mental (9).

Ante las sospechas clínicas, el diagnóstico de la glucogenosis

de tipo VII se basa especialmente en la biopsia del músculo, que

muestra la acumulación de glucógeno asociado con la deficiencia

de FFQ por histoquímica (3). Las biopsias musculares a menudo

muestran vacuolización interna con el almacenamiento de glucó-

geno, que pueden ser reveladas por tinción de PAS evidenciando

el depósito en el sub-sarcolema y áreas intra-miofibrilares, aun-

que en algunos casos los aspectos morfológicos podrían ser casi

normales (3,25). Además, también se pueden tener hallazgos de

valores de glucosa-1- fosfato, glucosa-6-fosfato, y la fructosa-

6-fosfato altos en el tejido, mientras que se reducen la fructo-

sa-1,6-bifosfato y triosa-fosfato (7)

,

(9). La presencia de depósitos

de poliglucosanos se ha informado en algunos casos de deficien-

cia de FFQ, especialmente en pacientes de edad avanzada y que

podría ser secundaria al acúmulo de glucosa-6-fosfato, activador

de la sintasa de glucógeno. Esta característica de acumulación de

poliglucosanos es característica típica de la deficiencia de la en-

zima de ramificación de la EAG tipo IV, por lo que debe también

realizarse diagnóstico diferencial al respecto (13).

Las pruebas para evaluar la presencia de FFQ por histoquí-

mica suelen ser negativas y tradicionalmente ha sido un factor

diagnóstico clave para explicar la enfermedad (2). Sin embargo,

recientemente se reportó el caso de dos hermanos con la enfer-

medad de Tarui donde las pruebas inmunohistoquímicas mostra-

ron cantidades normales de la FFQ, y la mutación identificada no

redujo la cantidad de enzima en general, pero sí reducía severa-

mente su actividad enzimática. Los resultados indicaron que la

histoquímica convencional utilizada anteriormente como “es-

tándar de oro” para el diagnóstico de esta glucogenosis debe

interpretarse con cautela y es requerido realizar las medicio-

nes de actividad enzimática, además de pruebas de genética

molecular, como las modalidades de pruebas definitivas para

el diagnóstico (14).

Dado que algunas otras glucogenosis que afectan múscu-

lo podrían tener síntomas y hallazgos de laboratorio similares,

la prueba de ingesta de glucosa o sacarosa, o bien la inyección

de glucagón previo al ejercicio, es de carácter diferencial., par-

ticularmente de la enfermedad de McArdle. Ante la administra-

ción del azúcar antes del ejercicio muscular, los síntomas de los

pacientes con enfermedad de Tarui muestran que los síntomas

Tabla 2. Presentaciones clínicas de la enfermedad de Tarui

Fuente: Elaboración propia.

Tipo

Descripción básica

I (forma

clásica)

Intolerancia al ejercicio,

mialgias y mioglobinuria

II (forma

infantil

grave)

Hipotonía, retraso en el

desarrollo, características

dismórficas, úlceras

corneales, miopatía

progresiva, cardiopatía, e

insuficiencia respiratoria

que lleva a la muerte en la

infancia

III (forma de

aparición

tardía)

Miopatía proximal fija y

de aparición en la quinta

década

IV (forma

hemolítica)

Anemia hemolítica no

esferocítica y sin síntomas

musculares