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Juan L. Carrillo
Antonio Rivera Ramos (1815-1887)
2º año (Fisiología, Patología e Higiene), Joaquín Sánchez-Reciente
Díaz (
c
. 1801-d. 1844), en Instituciones de 3º (Terapéutica, Mate-
ria médica y Medicina legal) y Serafín Adame de Vargas Jiménez (
c
.
1774-1825) en Instituciones de 4º (Patología especial y Nosogra-
fía médica). Recibió el Grado de Bachiller en Medicina a Claustro
Pleno
nemine discrepante
el 4 de junio de 1835(5). Realizó los dos
años preceptivos de Clínica con Francisco Velázquez Reyes (1779-d.
1840) en los cursos 1835-1836 y 1836-1837(6) lo que le permitió
obtener el Grado de licenciado el 9 de noviembre de 1840(7) y el
de doctor el 3 de enero de 1841(8). En 1840-1841 se matriculó en
la cátedra de “Nosografía y Patología especial externa. Vendajes y
Operaciones” creada por iniciativa de la Junta Revolucionaria de Se-
villa obteniendo la calificación de sobresaliente y en el curso 1841-
1842 obtuvo igual calificación en la de “Obstetricia, enfermedades
de la mujeres y niños y sifilíticas”(9). Evidentemente aprovechó la
coyuntura favorable con la intención de convertirse también en li-
cenciado en cirugía(10). En 1841 hizo oposición a la cátedra de Tera-
péutica, Materia médica y Medicina legal, vacante tras ser separado
por cuestiones políticas su propietario Joaquín Sánchez-Reciente,
presentado un programa de la asignatura(11). Sus ambiciones aca-
démicas se vieron parcialmente cumplidas cuando en 1844 fue
nombrado profesor Agregado para la cátedra Higiene, Terapéutica,
Materia médica y Arte de recetar en el recién creado Colegio de
prácticos en el arte de curar(12).
Con anterioridad, había sido nombrado Académico numera-
rio de la Real Academia deMedicina y Cirugía de Sevilla en 1840 por
la Junta Suprema de Sanidad del Reino, en el marco de un conjunto
de nombramientos efectuados por esta institución tras el centra-
lismo impulsado aquel año por Espartero, cuando era un modesto
licenciado en medicina sin ningún tipo de méritos; acaso el único
era haber sufrido y aprobado un examen de reválida teórico y prác-
tico el día 2 de octubre de 1839 ante un tribunal compuesto por
los académicos Fernando Santos de Castro (1809-1890), Antonio
Navarrete Sánchez (
c.
1788-1878) y Francisco de Borja Muñoz (m.
1850)(13).
RIVERA RAMOS, PROFESOR UNIVERSITARIO
Habrían de trascurrir veintiocho años para que Rivera Ra-
mos viera cumplido íntegramente su deseo. Fue uno de los vein-
titrés médicos que ejercían en Sevilla invitado expresamente por
el Rector de la Universidad y vocal de la Junta Revolucionaria
Antonio Machado Núñez (1812-1896) a la sesión constitutiva de
una
Sociedad Médica de Libre Enseñanza
celebrada el día 28 de
octubre de 1868(14). Por decreto del Gobierno Supremo Pro-
vincial de 10 de octubre de 1868 fue nombrado catedrático de
Clínica de obstetricia
de la recién creada Escuela Libre de Me-
dicina y Cirugía de Sevilla( 15). En claustro de 26 de enero de
1870, ante la renuncia de Carlos Montemar Moraleda (
c.
1824-d.
1884), se le nombró catedrático de
Enfermedades de la mujer
con su clínica
y de
Obstetricia y su clínica
concentrando toda la
enseñanza relacionada con las mujeres (16). Pronto el proceso
de liberalización de la enseñanza sufriría un giro copernicano. Se
encendieron todas las alarmas tras la aparición de un decreto
que pretendía regularizarlo lo que tuvo como consecuencia el
cierre de buena parte de los establecimientos libres de enseñan-
za superior. Este decreto dejaba la puerta abierta para aquellos
que se sometieran a un duro expediente de reconversión(17). La
Escuela Libre de Medicina de Sevilla consiguió que se autorizara
provisionalmente la enseñanza durante el curso 1874-1875 y por
ello el 23 de octubre de 1874 se le dio posesión y quedó recono-
cido como catedrático de
Partos, enfermedades de las mujeres y
niños
tras la designación por la Dirección General de Instrucción
Pública de la plantilla elaborada por la Diputación Provincial de
Sevilla(18). Por fin, y tras superar diversos trámites administrati-
vos, nació la Escuela Provincial de Medicina y Cirugía de Sevilla
viéndose obligada a adaptar su plan de estudios a los que regían
para la enseñanza oficial. Por Orden de la Dirección General de
Instrucción Pública de 7 de octubre de 1875 se le confirmó como
catedrático interino de
Partos, enfermedades de las mujeres y
niños(
19), permaneciendo hasta la fecha de su muerte. Durante
estos años Rivera Ramos ocupó dos cargos directivos de enor-
me trascendencia: el de vice-director, contemplado en el regla-
mento para su régimen y gobierno interior de 1870(20) y el de
director tras la inesperada muerte de Antonio Marsella Sierra
(1808-1874) el 28 de noviembre de 1874.
LOGROS INSTITUCIONALES
Posiblemente los quince años que van entre 1875 y 1890
fueron en los que se alcanzaron los logros más significativos en la
Escuela. En primer lugar la creación de la Policlínica, la “joya de la
Escuela”, por iniciativa de Rivera Ramos en 1878 y de la que tan
orgullosos se sentían. Su puesta en marcha fue una respuesta a la
pérdida de autonomía, el precio que hubo de pagarse para garanti-
zar su continuidad. Ésta se aprobó en claustro el 29 de septiembre
de 1878 y se inauguró el día 6 de octubre en un acto conjunto con la
repartición de premios. En tan corto espacio de tiempo se hicieron
las obras de adaptación –una escalera y diversos tabiques a cargo
de la Diputación- y se adquirió mobiliario a cargo del Ayuntamiento.
Se instaló en un pabellón del edificio de la Escuela de Medicina en
la calle Madre de Dios con tres pisos y con acceso por una puesta
contigua a la principal. La Policlínica estaba estructurada por una
clínica general y ocho clínicas especializadas con un doble objeti-
vo asistencial (asistencia gratuita a pobres) y docente. La clínica
de “enfermedades de la mujer” se le encomendó a Antonio Rivera
Ramos que la atendía los lunes y jueves a las tres de la tarde en el
gabinete habilitado en la planta alta del edificio. En 1882 se modi-
ficó este horario a las dos de la tarde al mismo tiempo que pasó a
manos de Francisco Domínguez Adame (1850-1905), cambiando su
denominación por “ginecología”(21).
Otros logros institucionales alcanzados por iniciativa de Rivera
Ramos fueron la celebración en 1882 del Congreso Médico Inter-
nacional, del que fue Presidente de la Comisión Organizadora y de
la Mesa del Congreso y la creación en 1883-1884 de una sección
de electroterapia en la Policlínica. Financiado por la Diputación se
construyó en 1885 el anfiteatro anatómico en terrenos próximos
al Hospital Central que posibilitó una mejora de la enseñanza de la
anatomía y la anatomía quirúrgica y operaciones. Por último en el
curso 1887-1888 se erigió un laboratorio histo-químico adjunto a
las clínicas y a la policlínica que de forma muy modesta contribu-
yó a “perfeccionar el diagnóstico”(22). Por otra parte fue una pieza
fundamental en el desarrollo del Colegio Médico de Sevilla. Su in-
auguración se efectuó el 4 de mayo de 1856 en un local cedido por
la Universidad en el que celebró sus sesiones hasta 1858, año en
que se ubicó en la calle Armas 55 compartiendo locales con Real
Academia de Medicina(23) y doce años después, aún conservando
esta sede, celebraba sus sesiones en la Escuela Libre de Medicina.
Desde el primer momento Rivera Ramos formó parte de la Junta
directiva en condición de Consiliario 2º, pero la cercana muerte del
decano Nicolás Molero Perea (1791-1856) hizo que pasase a ocu-
par el cargo de vice-decano, para alcanzar el puesto de decano en
1870 tras la retirada de Antonio Serrano Palao (
c
. 1804-1877). Esta
institución tenía como objetivos estatutarios representar a la clase
médica, fomentar sus intereses materiales y morales, contribuir al
progreso de la ciencia y velar por el cumplimiento de los deberes
médicos. Durante los años de actividad –prácticamente desapare-
ce desde 1877- se preocupó por la elaboración de una topografía
médica de Sevilla(24), redactó un reglamento de prostitución(25) y
convocó concurso de premios(26).
UNA SINGULAR CONSULTA MÉDICA
Con el título ¡Fregenal en Sevilla! el diario
La Andalucía
re-
producía una larga crónica aparecida días antes en el periódico
frexnense
El Eco de Fregenal
. Los días 27 y 28 de diciembre de
1880 se había efectuado con éxito una comunicación telefónica
experimental, sin duda una de las primeras realizadas, entre el
domicilio de don Rodrigo Sánchez-Arjona y Sánchez-Arjona (1841-
1915) en Fregenal y el despacho del director de telégrafos en Se-
villa don Francisco Pérez Blanca. En ambos puntos se dieron cita
notables personalidades de las dos ciudades. En Fregenal, fami-
liares, autoridades locales y el director del periódico y en Sevilla,
aparte de los funcionarios de telégrafos, directores y redactores
de periódicos, ingenieros, escritores, el Presidente de la Audien-
cia, el Vice-presidente de la Diputación, el Interventor de Hacienda