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Antonio Leopoldo Santisteban Espejo

Asistencia sanitaria transfronteriza en terapias avanzadas

te. En cambio, sí apremia sacar a la luz la situación porque, como

afirma Charo, ésta es expresión del riesgo que comporta en cien-

cia el

argumentum ad novitatem

; pero la iniciación de ensayos clí-

nicos en humanos, recuérdese, depende de la existencia de datos

farmacológicos y toxicológicos obtenidos en estudios preclínicos

y que permitan establecer razonablemente seguridad, eficacia y

calidad, y no solamente de la novedad (27).

2.3 Marco jurídico de la AST en terapias avanzadas en la UE.

En primer lugar, no se considerará medicamento de terapia

avanzada aquel que no cumpla con las definiciones jurídicas ex-

puestas, como sucede con el trasplante de progenitores hemato-

poyéticos o la infusión de islotes pancréaticos que no hayan sido

expandidos previamente. Desde 2003, el empleo de células vivas

como medicamentos queda regulado por la Normativa 2003/63/

EC y, por tanto, por la misma legislación que rige la investigación,

la autorización y la comercialización de fármacos para uso huma-

no. Además, las Directivas 2004/23/CE y 2006/12/CE establecen

las normas de calidad y seguridad necesarias para la donación,

obtención, evaluación, procesamiento, preservación, almacena-

miento y distribución de células y tejidos.

Los productos de la terapia celular y la ingeniería tisular con-

siderados medicamentos deben cumplir con ambas normativas

y consecuentemente las instalaciones y procesos de producción

deben hacerlo con las normas de correcta fabricación (GMP) que

exigen los laboratorios farmacéuticos. Además, es necesaria la

autorización de los protocolos de ensayo clínico por los comités

éticos de Investigación clínica de cada hospital. Una vez registra-

do el medicamento, para poder ser comercializado el producto

de terapia celular y de ingeniería tisular debe cumplir con los re-

quisitos exigidos por un control existente solo a nivel centralizado

mediante la Agencia Europea del Medicamento y que, por tanto,

no está validado a nivel nacional (19).

A lo anterior deben atenerse las clínicas que ofertan produc-

tos de terapia avanzada si se quiere cumplir con los estándares de

calidad, seguridad y eficacia.

III. ÉTICAS DE LA RESPONSABILIDAD Y ASISTENCIA SANITA-

RIA TRANSFRONTERIZA.

La expresión “éticas de la responsabilidad” fue acuñada ori-

ginalmente en 1919 por Max Weber (28). Con ella se presenta un

modelo intermedio entre las éticas de la convicción y las éticas

del poder, es decir, entre deontologismo y utilitarismo. Responsa-

ble es aquí quien pondera principios y resultados. En este sentido

¿qué ética es la que corresponde a la asistencia sanitaria trans-

fronteriza en terapias avanzadas?. Se distinguirán para su estudio

tres niveles: ética de la relación clínica, de las políticas sanitarias y

de las relaciones entre Estados.

3.1 Ética de la responsabilidad en el nivel de la relación clí-

nica.

Pereda ha escrito que el individuo prudente es aquel “en

cuya vida la deliberación ocupa un papel importante […]”(29). Del

estudio de la prudencia se ocupa Aristóteles en la

Ética Nicoma-

quea

al afirmar que es la virtud que permite el ejercicio de las

demás y así “habría que usar el prefijo «entre

»,

la

phrónesis

es la

capacidad de mediar «entre

»

las virtudes intelectuales y morales,

capacidad que es ella misma una virtud […]”. El prudente (

phró-

nimos)

debe poder diseñar desde el conocimiento un ideal de

vida buena, aprobar la deliberación como método para la toma

de decisiones disponiendo de la sensibilidad que atiende con

minucia lo particular y hacer de lo anterior hábitos de vida (29).

Prudencia no se identifica con pasividad o quietud, sino que es

el saber práctico del que delibera y actúa conjugando principios

y consecuencias. Desde 1927 se conoce el carácter ontológico y

no epistemológico de la incertidumbre en ciencia (30), y en este

sentido, no existe menos incertidumbre real en la búsqueda de

solución que acomete un paciente desesperanzado cuando hace

uso de la informática sin el abrigo de un carácter prudente.

Por ello, si al usuario conviene el obrar prudente en el senti-

do aristotélico, en el otro polo de la relación clínica la aceptación

del imperativo categórico kantiano imposibilitaría mediatizar al ser

humano en favor de la desmesura (

hybris)

económica. Conviene

desechar aquí el argumento según el cual estas clínicas ocupan el

espacio para la esperanza abierto tras los límites de la medicina

académica, y ello porque todo valor tiene sus límites. Pasarlo por

alto es hacer bueno el fenómeno de la tiranía del valor descrito por

Hartmann y descuidar que la esperanza es un valor fin y no un valor

medio, entendiendo

valor

como lo hace el constructivismo axioló-

gico (31). En fin, recuérdese con Goethe que en ciertas ocasiones

limitarse es extenderse

(32).

Por lo anterior, y aún aceptando que el concepto de pruden-

cia admite la dimensión de universalidad que en acuerdo con Conill

habrá de aceptar toda ética que no pretenda ser excluyente (33), se

reconoce que el obrar prudente está más cercano al acto individual

que al colectivo, y que ello es razón suficiente para proponer una

ética de la responsabilidad basada en la prudencia aristotélica y en

el imperativo categórico kantiano para este primer nivel de la re-

lación clínica. A este respecto, constituye un aspecto fundamental

cómo construye su educación el paciente y, cómo por tanto, puede

construirse también un carácter prudente en relación a la gestión

de su salud en un nivel tanto nacional como internacional. En este

proceso existen esencialmente tres vías de aprendizaje: la auto-

educación, la educación social (privada o pública) y la educación a

través de los medios de comunicación (34).

3.2 Responsabilidad y política sanitaria: el modelo de aten-

ción a crónicos.

Para Ortega y Gasset la auténtica necesidad que se impone a

un sistema científico no consiste en la aportación de un nuevo con-

cepto de verdad, sino en la comprensión “de su tendencia profun-

da, de su intención ideológica, pudiera decirse, de su fisonomía.”

(35). La fisonomía de los actuales sistemas de salud consiste entre

otras cosas en la alta incidencia de pacientes crónicos, y estos son

precisamente quienes acuden a veces a las clínicas citadas. Por esta

razón, ¿no existe en este hecho un buen punto de partida?.

De acuerdo con Bengoa, el gran desafío actual consiste en

transformar los sistemas sanitarios en sistemas más proactivos que

reactivos y más colaborativos que fragmentados (3); en este sen-

tido,

mejorar la atención del paciente crónico comporta también

disminuir la necesidad de hacer un uso incorrecto de la prestaciones

transfronterizas

. Y ello es viable mediante el fomento de los siste-

mas de telemedicina, la estratificación por riesgo de la población y

las actuaciones

bottom-up

, es decir, desde abajo hacia arriba y en

términos clínicos. Por tanto, fomentar la educación en tecnologías

de la información y estratificar a los pacientes combinando situa-

ción clínica y conocimientos tecnológicos para obtener un nivel del

riesgo de acabar en clínicas inseguras parecen opciones a conside-

rar en el nivel de la política sanitaria.

En este marco resulta crucial actuar en sentido ascendente,

ya que como afirma el propio Bengoa

“los políticos cambian se-

gún las elecciones y consecuentemente también los directivos […]

si los proyectos han sido de abajo hacia arriba se hallan asentados

localmente y tenderán a sobrevivir mejor a los cambios políticos.”

(3). Bien entendido, que éstas actividades educativas en tecno-

logías se enmarcarían en lo que Repullo llama

políticas tutelares

asimétricas

, es decir, aquellas donde “no siendo por su naturaleza

decisiones sociales sino individuales, sin embargo, los poderes pú-

blicos acaban interviniendo.”, ya que el interés de éstos es estudiar

aquellas distorsiones en las preferencias individuales por las que

el individuo reflexiona y decide su comportamiento, y que con fre-

cuencia le llevan a actuar contra su propio bienestar y salud (5).

Pierret y Friederichsen (36) y Wilson, Gonzalez y Pollock (37) han

aportado interesantes resultados mediante experiencias educati-

vas en ingeniería tisular y en células madre.

En este sentido, y aún reconociendo la limitación de los re-

cursos en salud, presentar las políticas de desinversión sanitaria

como políticas activas puede ayudar a reorientar recursos hacia

otras actividades que permitan añadir valor y mejorar la salud de

nuestros pacientes y ciudadanos (4).