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Clara Mª Moriana Domínguez

Hipertensión Arterial Maligna en Trasplante Renal

y papiledema, con desprendimiento seroso del epitelio pigmentario

bilateral. Se coloca catéter venoso femoral derecho y se inicia

hemodiálisis y ultrafiltración logrando controlar la presión arterial

tras reducción de 12 kg de su peso corporal y mejoría significativa

de los datos de hemólisis en 4 días (Hb 9,7 g/dl y plaquetas 204.000

plaquetas/mm

3

), sin precisar infusión de plasma ni plasmaféresis.

Asimismo se inicia retirada de tratamiento inmunosupresor a lo

largo de las semanas siguientes y se incluye de forma definitiva en

hemodiálisis.

DISCUSIÓN

Los edemas son frecuentes en pacientes trasplantados renales

en tratamiento con inhibidores de la m-TOR siendo atribuidos a

una inhibición de la linfangiogénesis. En estudios experimentales

se ha comprobado un menor desarrollo de vasos linfáticos cuando

se administra sirolimus y se ha observado que la inhibición de la

vía m-TOR provoca que VEGF-C y VEGF-D no tengan efecto sobre

su receptor VEGF-3, necesario en la proliferación y regeneración

de vasos linfáticos (9,10). En modelos experimentales también se

ha encontrado que sirolimus es capaz de incrementar la expresión

y actividad de cotransportadores de sodio en células tubulares

renales en cultivo (11), aunque este mecanismo no está claro si está

involucradoenlagénesisdeledema.Sumanejoincluyeadministración

de altas dosis de diuréticos junto con fármacos venotónicos, con una

eficacia más bien poco exitosa, siendo el principal motivo de retirada

de estos fármacos.

El desarrollo de hipertensión maligna es muy raro en

trasplantados renales (6) y puede ser explicado por varios factores

en nuestro caso. Por una parte observamos un empeoramiento

inicial del control de la presión arterial antes del cambio de sirolimus,

asociado a una ganancia de peso y mayores edemas, por lo que en

parte puede ser atribuido a la expansión del volumen extracelular

en un paciente con una función renal deteriorada, que dificulta la

adecuada excreción renal de agua y sodio. Tacrolimus pudo empeorar

el control tensional por su conocido efecto vasoconstrictor sobre las

arteriolas aferente y eferente glomerulares, con reducción del flujo

sanguíneo renal y del filtrado glomerular (12), que es mediado por

un incremento de la producción de sustancias vasoconstrictoras

como la endotelina y el tromboxano A

2

(13), un incremento del

tono simpático (14), además de la reducción de la producción de

sustancias vasodilatadoras como prostaglandinas y óxido nítrico

(13). Sin embargo, diferentes trabajos experimentales consideran

que el efecto más importante es el estímulo del cotransportador

de cloro-sodio (NCC) sensible a tiacidas en el túbulo contorneado

distal, que conduce a una reabsorción incrementada de sodio y agua

(15,16). En nuestro caso sobre la expansión de volumen extracelular

existente y una función renal reducida, es posible que el incremento

de la reabsorción tubular de sodio y agua inducido por tacrolimus,

supusiera el mecanismo descompensador definitivo que provocara

el incremento de la presión arterial para desembocar finalmente en

una hipertensión maligna.

La función renal sufrió un rápido deterioro tras la introducción

de tacrolimus, acompañado de trombopenia y anemización. Este

deterioro puede relacionarse en principio con un simple deterioro

como evolución final de la disfunción crónica del injerto renal y quizás

favorecido por la vasoconstricción renal del tacrolimus, más que por

el efecto de la hipertensión maligna sobre el lecho vascular renal,

dado el poco tiempo transcurrido. La presencia de trombopenia y

anemia está presente en la hipertensión maligna (17) pero también

es un dato de un síndrome urémico-hemolítico. Tacrolimus se

ha asociado al desarrollo de microangiopatía trombótica en los

trasplantados renales de forma poco frecuente (7,8). Su tratamiento

suele requerir la retirada del fármaco, el cambio a un inhibidor de

la m-TOR y realización de plasmaféresis. En nuestro caso la anemia

y trombopenia cedieron rápidamente tras la entrada en diálisis, sin

retirar la inmunosupresión y no precisando infusión de plasma ni

plasmaféresis, por lo que parece que la anemia microangiopática

podría ser más bien una manifestación más de la hipertensión

arterial maligna.

Por tanto, en los casos en que se cambie la inmunosupresión

de un paciente trasplantado renal desde un inhibidor de un m-TOR

a tacrolimus por la presencia de edemas severos, es conveniente

incrementar convenientemente la administración de diuréticos

para asegurar una eliminación urinaria adecuada de sodio y agua,

que evite el incremento sin control de la presión arterial. La tensión

arterial debe ser estrechamente monitorizada empleando entre la

medicación prescrita diuréticos tiacídicos (12) y/o calcioantagonistas

dado su efecto vasodilatador de la arteriola aferente y su efecto

beneficioso mostrado en pacientes que toman anticalcineurínicos

(18).

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